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CONTRE-JOUR se impone menos como un perfume y más como una figura que te acompaña: una presencia magnética, indomable, firmada por Annick Ménardo.
Nacido a contracorriente de los códigos clásicos, rehúye las categorías fáciles y deja detrás de sí una estela luminosa pero imposible de atrapar del todo, como un cuerpo que se mueve siempre a contraluz.
En su corazón late la siempreviva mediterránea, esa flor silvestre de vida casi eterna cuya apariencia dorada engaña: su aroma es profundo, oscuro, terroso y sorprendentemente salvaje. Sobre esa materia prima, la perfumista construye un contraste radical: facetas especiadas y ligeramente almendradas de la siempreviva se entrelazan con una rosa de carácter punk, afilada, llena de sombras y espinas.
Para fijar este manifiesto en la piel, un aceite de sándalo vibrante marca el compás de la composición, aportando ritmo, textura cremosa y un eco casi hipnótico en el fondo. El resultado es una creación hecha de tensiones y contradicciones, pensada para quienes prefieren habitar el misterio antes que explicarlo.
Siempreviva. Rosa punk. Sándalo.
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